Entonces María respondió:
"He aquí la Sierva del Señor;
Hágase en mí según tu Palabra."
(Lucas 1, 38)
"Bendita tú eres
entre todas las mujeres."
(Lucas 1, 42)
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador;
porque ha puesto sus ojos en la humildad de su esclava,
y por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí:
su nombre es Santo,
y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
(Lucas 1, 46-50)
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