No juzgaréis nada
hasta que venga el Señor y revele
las intenciones de los corazones.
(Corintios 4, 5)
(casi) Todas las cosas me son lícitas,
pero claramente no todo conviene.
(Corintios 6, 12)
¿Ignoráis que vuestro cuerpo bien puede ser
Templo del Espíritu Santo?
(Corintios 6, 19)
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